De una serie de relatos contados a Alicia Liddell y a sus hermanas, Charles L. Dodgson creó, bajo el seudónimo de Lewis Carroll una de los libros inmortales de la literatura. De la mano de Alicia descubre el Mundo de las Maravillas, lo que ocurrió al otro lado del espejo y la vida, obra y pensamiento de un sacerdote anglicano y profesor de lógica de Oxford que pasó a la historia de la literatura universal.
"¿Qué fuiste tú, soñada Alicia, en la mirada de tu padre adoptivo? ¿Cómo dibujarte ahora? Amorosamente, desde luego, amorosa y tiernamente: amorosa como un perro (y perdonen este símil tan prosaico, pero no se me ocurre un amor mundano más puro y perfecto), tierna como un cervatillo, educada con todos, con los altos y los bajos, con los solemnes y los grotescos, tanto con el Rey como con la oruga, incluso cuando ella misma era hija de un Rey y vestía con ropas doradas, y también confiada, dispuesta a creer siempre hasta los más disparatados imposibles, con esa confianza que sólo le es propia a los soñadores, curiosa, extremadamente curiosa, y con la capacidad de diversión que nace sólo de las horas alegres de la infancia, cuando todo es nuevo y brillante y el pecado y el dolor no son más que meras palabras, palabras vacías que nada significan."
Lewis Carroll.
Aquí los conejos hablan y juegan a las cartas andantes, y los gatos tienen la habilidad de desaparecer a su voluntad. Nunca conocerás a personajes más desconcertantes que éstos, ni comerás pasteles tan curiosos.

















0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada